La Gracia de Dios y la ley de Dios
El Diccionario de la Real Academia Española define gracia como “Don o favor que se hace sin merecimiento particular; concesión gratuita”. La gracia no es un elemento nuevo en el carácter de Dios a partir del Nuevo Pacto. La Sagrada Escritura enseña que Noé halló gracia delante de Dios y por eso fueron salvos él y su familia del diluvio Gén. 6:8. Lot también halló gracia delante de Dios y fue librado de la destrucción de Sodoma y Gomorra Gén. 19:19. Ahora bien ¿Por qué hallaron gracia Noé y Job delante de Dios?, ellos hallaron gracia porque eran varones justos que conocían la ley de Dios y la practicaban. Pro. 4:8-9 enseña que la sabiduría que proviene de Dios (su ley Pro. 4:5), nos permite hallar gracia delante de sus ojos si la obedecemos como lo hacía Noé Pro. 1:8-9, Pro. 3:21-22.
Cuando entra en vigencia el nuevo pacto, la gracia sobreabunda Rom 5:20-21 para que un pueblo que antes estaba excluido y sin posibilidades de justificación, ahora sea justificado por gracia y fe, y así forme parte del pueblo de Dios, aun sin tener méritos para ello. Sin embargo, no se puede deducir que ahora la gracia permite que un pueblo que antes era pecador porque no conocía los mandamientos de Dios, siga pecando Rom. 6:14-15. Pablo enseña que el gentil en su ignorancia era esclavo del pecado, ahora que se ha convertido al Señor es siervo de la justicia de Dios Rom. 6:16-18.
Pablo exhorta a la iglesia de que no reciban en vano la gracia 2Cor. 6:1, porque aquel que acepta al Señor y quiere seguir pecando ha menospreciado la gracia de Dios. Valoramos la gracia cuando nos apartamos de toda contaminación, sabiendo que ahora somos templo y morada del Espíritu Santo 2Co 6:14-18.
El escritor del libro de Hebreos inspirado por el Espíritu Santo exhorta al pueblo de Dios a seguir la paz (cumpliendo la justicia) y la santidad, sin la cual veremos al Señor Heb 12:14. En seguida enseña que cada uno vele para que no deje de alcanzar la gracia de Dios al no estar en paz con sus hermanos Heb 12:15.
De manera que la obediencia a los mandamientos de Dios es importante para que no menospreciemos la gracia, para que no la recibamos en vano y para que no la dejemos de alcanzar. Si nos aferramos solo a la gracia y nos olvidamos de los mandamientos de Dios, vamos a estar en problemas.
Ahora bien, aquel que es celoso en guardar los mandamientos de Dios y se considera fiel, no debe caer en el error de llegar a pensar que su justificación la logrará con solo guardar los mandamientos de Dios Gál. 2:21, porque nadie se puede justificar delante de Dios por sus obras 1Cor. 4:2-4.
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